Birdman: La inesperada virtud de Alejandro González Iñárritu | Zacateks.com

Birdman: La inesperada virtud de Alejandro González Iñárritu

Desde que Amores Perros apareció por primera vez en la pantalla grande una cosa quedaba clara, su director, el mexicano Alejandro González Iñárritu, era alguien que tenía el talento suficiente para poder destacar en una industria tan difícil como lo es la del cine, después vino la reafirmación con el intenso drama de 21 Gramos y por fin la consolidación con Babel, película por la que fue nominado al Óscar como mejor director, y tiempo después nos llegó Biutiful, una cinta mucho más cargada, más difícil de entender en donde intentó de manera infructuosa mezclar lo sobrenatural con lo dramático, mostrando que su fórmula se iba agotando poco a poco… hasta ahora.

Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia) es una brisa de aire fresco a la filmografía del director, que busca alejarse de la pesadez dramática para mostrar su faceta más ligera (pero no por ello menos intensa o profunda), en la que un actor que en sus tiempos de gloria fue un superhéroe en la pantalla grande y ahora vive los estragos del olvido y la indiferencia, motivo por el cual su mente comienza a sufrir las consecuencias de todas esas afecciones emocionales, y que en esa necesidad imperiosa por no morir en el intento, decide montar una obra de teatro, escrita, dirigida y actuada por él mismo.

Iñárritu decide decantarse por una puesta en escena similar a la utilizada por Alfred Hitchcock en su película La Soga, al utilizar una serie de plano secuencias para mostrar las desventuras de este singular personaje, cada plano secuencia podría traducirse teatralmente como los distintos actos de un drama escénico en los cuales, los personajes entran y salen de cuadro con una precisión milimétrica que en manos de un inexperto director, hubiera resultado en un desastre de proporciones épicas, y al igual que en la obra del mago del suspenso toda relación entre la técnica cinematográfica y la historia tiene un trasfondo de carácter teatral.

Uno de los elementos más interesantes es que el director mexicano logra exprimir a todos y cada uno de los personajes, en especial a su protagonista Michael Keaton que amén de los paralelismos entre la vida real y la ficción representada en la pantalla, Keaton se apodera del personaje, logra una interpretación certera y nos lleva de la mano a través de ese viaje entre la realidad y la irrealidad, Edward Norton funciona a la perfección como la contraparte y todo se vuelve en un duelo de actuaciones que llega al plano de lo físico (en la película claro está), Emma Stone, Naomi Watts y hasta Zack Galifianakis logran sorprender en términos interpretativos.

Emmanuel Lubezki logra destacar una vez más en el plano técnico, el uso de los planos secuencias están perfectamente ejecutados y su incorporación con los efectos especiales se hace de manera funcional, lo cual demuestra que el fotógrafo mexicano es uno de los mejores que existen en la actualidad (independientemente del Óscar obtenido por Gravedad este año), la música y sonorización juegan con ese elemento de los cambios entre realidad y fantasía que de otra manera hubiera sido imposible remarcarlos debido a la complicada puesta en escena.

Finalmente se puede decir que Birdman (o la inesperada virtud de la ignorancia) es una película interesante, inteligente, me atrevería a decir que es la más accesible del director mexicano y que obviamente la encontraremos en las próximas ceremonias de premiaciones del cine, ya que es un producto complaciente, pero no por ello fácil, Alejandro González Iñárritu ha logrado dar un giro interesante en su carrera y sólo queda esperar que así continúe, mostrando una versatilidad temática que solo los grandes lo han hecho.

Por Oswaldo Tagle Damasco