La Quemada pudo ser un sitio mesoamericano | Zacateks.com

La Quemada pudo ser un sitio mesoamericano

Los hallazgos de materia orgánica encontrados mediante el proyecto de investigación, que desde hace dos años encabeza el arqueólogo e historiador Marco Antonio Santos Ramírez, arrojan como una aportación que la vida de los pobladores de “La Quemada” (300 a.C.-200 d.C.) fue netamente mesoamericana.

La arquitectura de este sitio, ubicado en el municipio Villanueva, presenta grandes similitudes con las costumbres en Teotihuacán, la metrópoli más importante entre los siglos 200 a.C. a 650 después de Cristo en Mesoamérica.

Otra evidencia es la composición de su dieta, conformada por diversas variedades de frijol, así como chile, maíz y amaranto, al igual que la acostumbrada por las culturas del altiplano.

La hipótesis que tratará de demostrarse a partir de estos descubrimientos que replantean la relevancia de este sitio, es que probablemente sea el asentamiento humano prehispánico más importante del norte de México y por tanto un centro irradiador de cultura para esta zona y el sur de los Estados Unidos.

El Proyecto Arqueológico La Quemada se inscribe dentro del Plan de Manejo del Sitio y antecede a éste en su puesta en operación, en un año.

Entre los elementos que conjuga se encuentran la conservación, investigación, gestión, protección técnica y legal, la difusión y administración del lugar.

El área total del polígono, que tiene el estatus de “Zona de Monumentos Arqueológicos de La Quemada” desde 1994, fue ya delimitado y comprende tres hectáreas aproximadamente.

Los dos aspectos en que se ha focalizado la atención de esta primera etapa de un proyecto que se prevé en su desarrollo a 15 años, son la conservación  de 100 por ciento de las estructuras dispuestas para visita pública y la investigación.

El sitio, comenta Santos Ramírez, se encontraba en algunas de sus estructuras bastante deteriorado por falta de mantenimiento, en algunos casos al punto del colapso.

En este momento han logrado consolidarse en su totalidad tanto el Salón de las Columnas como la Pirámide Votiva, dos de sus espacios emblemáticos.

“Los muros de las estructuras están construidos con piedras lajas de riolita, mismas que estuvieron pegadas con un cementante a base de arcilla, fibras vegetales y  aglutinante, tal vez, baba de nopal”, precisa.

Con el paso del tiempo esta argamasa desapareció y quedaron sólo las lajas con peligro de colapsarse. El cementante se está recuperando, en este momento en un avance de 15 por ciento del sitio.

La inversión de estos dos últimos años para el propósito de la conservación de La Quemada ha sumado alrededor de un millón de pesos, mismos “que se van prácticamente en mano de obra, pago de trabajadores y arqueólogos”.

Para 2014 se prevé la inversión para este rubro en otro millón de pesos y se espera contar con el apoyo de Gobierno del Estado y la Federación a fin de acortar el tiempo para desarrollar este proyecto, agregó.

“La conservación no puede hacerse sin investigación”, puntualiza el director de la zona y señala que uno de los sitios más deteriorados en La Quemada era el denominando Cuartel.

Esta área fue  excavada en la década de los 50 y 60  del siglo pasado por Pedro Armillas, quien obtuvo datos que le permitieron formular hipótesis novedosas como “el movimiento de gente a partir de los cambios climáticos”.

Este planteamiento fue fundamentado en los hallazgos de restos orgánicos que encontró y mandó fechar. De esta manera se propuso la hipótesis de que el abandono del sitio habría tenido como sustento un periodo de sequía, comenta.

Los hallazgos recientes en este mismo lugar ofrecen la lectura de que los habitantes de La Quemada tenían una forma de vivir más cercana a la de la gente del altiplano.

Por falta de investigaciones, ubicó el arqueólogo, se le había vinculado con el norte de Mesoamérica  y se atribuyó su construcción a grupos chichimecas.

Sin embargo, las recientes exploraciones junto con los datos de las anteriores cambian la visión que tenemos del sitio y lo plantean como un asentamiento “netamente mesoamericano”.

También coincide para fortalecer esta visión, la orientación de sus construcciones según arrojan  los estudios arqueastronómicos realizados en ellas y las similitudes en la cerámica y lítica, también los paralelismos iconográficos.

“Podemos establecer que estos pueblos compartían una misma cosmovisión, por esto es que podemos ver esta presencia. En su momento Teotihuacán era el sitio más importante para este tiempo y obviamente tendría ciertas relaciones con estas regiones, a nivel comercial, idelógico,  político y económico”.

La cultura teotihuacana desarrolló entre el 200 a.C. a 650 d.C., su fase de mayor esplendor.

 

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