Pumas no hizo rugir a la afición con un gol | Zacateks.com

Pumas no hizo rugir a la afición con un gol

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La falta de gol condena a Pumas a la derrota. El equipo de la UNAM no sólo perdió su segundo partido en Ciudad Universitaria (CU), también privó a su afición del gol, algo que en los dos partidos en casa no ha podido realizar; en total, ya son 332 minutos sin que el equipo pueda anotar en la portería contraria y apenas tiene un tanto 360 minutos, lo que lleva todo el torneo.

La derrota 2-0 ante Tigres mostró un nuevo problema para Antonio Torres Servín: la solidez de la defensa se esfumó y los reclamos entre los jugadores se han vuelto evidentes en la cancha.

Ayer no hubo argumentos que sustentaran la teoría de que los equipos visitantes juegan defensivo en el Estadio Olímpico Universitario. Tigres, con el talento y habilidad de sus delanteros, evidenció la debilidad de la defensa de Pumas, hasta entonces, la fortaleza del equipo. En cinco minutos, los norteños crearon tres llegadas de gol.

Fue entonces que el nerviosismo invadió a Torres Servín, quien desde la banca contemplaba de pie el partido, caminando de un lado a otro, indicando movimientos y, en ocasiones, gritando y regañando a sus jugadores. Tigres manejaba el balón y la circulación del mismo a placer; mientras los ataques de Pumas se concentraban en la habilidad de Javier Cortés y Martín Bravo para asistir a Nahuelpán y Robin Ramírez.

El gol de Danilinho llegó al minuto 32. Luego de un rechace de Alejandro Palacios, tras un disparo de Pulido, el brasileño sólo empujo el balón a la portería tras el rebote del portero de Pumas. Entonces, empezaron a relucir los reclamos.

Darío Verón gritaba en cada equivocación de sus compañeros; Fernando Espinosa fue el que más regaños recibió del capitán, el paraguayo indicaba qué posición debía ocupar el mediocampista. En un pase largo del defensa hacia Robin Ramírez, el delantero no pudo controlar el balón, a lo que Verón sólo pudo responder con un gesto de desaprobación juntando los dedos y agitando la mano.

Poco pudo hacer el capitán de Pumas, sus dos intentos de animar a sus compañeros para atacar, él mismo llevando el balón a la portería rival, fueron insuficientes y terminaban con un pase erróneo de sus compañeros.

Por eso, el gol de Damián Álvarez, al minuto 58, derrumbó a la afición, que comenzó a pedir la salida de Torres Servín. El equipo pudo crear algunas llegadas de gol pero fueron ineficientes a la hora de definir frente a la portería de Tigres. Al final el técnico de Pumas, en soledad, caminó directo al túnel de salida, con la vista fija al suelo, sin mirar a los demás y con una afición encima que le reclamó la ausencia de gol y la segunda derrota en casa.

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