Rafael Coronel… o del arte de hacer lo que sale del alma | Zacateks.com

Rafael Coronel… o del arte de hacer lo que sale del alma

El año pasado el artista plástico Rafael Coronel cumplió 80 años, mismos que fueron celebrados con una magna exposición en el Palacio de Bellas Artes de la Ciudad de México.

Texto: Yolanda Bravo Saldaña

Fotos: Alejandro Gamboa

El maestro Rafael Coronel Arroyo radica en Cuernavaca. Al llegar a su casa, plena de luz, de ventanales, de escaleras y de exuberante vegetación, me recibe el artista plástico con una sencillez que será, en las próximas horas de la charla, lo que más me sorprenda del artista. Me cuenta que tiene treinta años de vivir en la capital morelense, en esa enorme casa que parece más una ordenada bodega. Se siente a gusto en Cuernavaca: le encanta ir al mercado (que lo tiene a unos cuantos minutos); goza del clima privilegiado; aúlla de vez en las noches, (nos dice) y sobre todo, ama esa intimidad amurallada que le brinda su vivienda; misma que le ayuda a generar la labor para la cual nació: ser un artista de prodigiosa imaginación, además de coleccionista impulsivo.

Le pregunto a Rafael Coronel si va seguido a Zacatecas, su ciudad natal: “Voy pocas veces al año; sólo cuando hay algo de trabajo. No me gusta ir pues cuando estoy allá, me dan ganas de casarme; porque la provincia es para casarse. Además, ir me genera mucha nostalgia; veo la misma piedra, erosionada desde hace cincuenta años o a los amigos de mi edad, que andan con sus bastones”. Rememora Zacatecas cuando era chico; por ejemplo, el día en que aterrizó por primera vez un avión, o cuando llegó la primera televisión: “Todo mundo salió a ver el novedoso aparato. Mi papá tenía rentada una tienda de artículos eléctricos; ahí llegó la primera televisión que se vio en Zacatecas. Se llenó la calle de gente. Yo vivía en una casa en el mero Centro, enfrente del Portal de Rosales. Lo chistoso fue que cuando se encendió la televisión, salieron nada más rayos y centellas, porque no llegaba ninguna señal; ésa llegó después”.

Rafael Coronel nos dice que de chico fue deportista: “Todo el día estaba en las canchas de futbol o de basquetbol. Fui a varios campeonatos a otros estados de la República. En sí, los jóvenes de Zacatecas, o éramos borrachos o éramos deportistas”. Ante esta confesión ‘deportiva’, le pregunto al maestro cómo fue que tanto él como su hermano mayor ─el también artista plástico Pedro Coronel─ se interesaron por el arte. “En Zacatecas, uno se interesa por el arte porque lo trae uno en los genes. Donde estudiarlo, no había. Sin embargo, uno se acostumbra a vivir en una ciudad que de tanta belleza, de tanto arte existente por todos lados, termina uno hartándose: donde voltee uno hay arte. Por ejemplo, en el Museo de Guadalupe, llega uno al hartazgo de pintura colonial al ver esos cuadros monumentales. Estando ahí; uno mismo se convierte en arte. Por eso, no era necesario hablar de arte; bastaba salir a la calle para ver el entorno y comenzar a reconocer lo verdaderamente estético y valioso. Además, mi abuelo se dedicaba a decorar iglesias”. Aunado a este arte que está al alcance de la mano, Coronel menciona a otros artistas zacatecanos igual que él, como Francisco Goitia, Julio Ruelas, Manuel Felguérez y por supuesto, su hermano mayor, Pedro. “En Zacatecas no tenemos playas; pero sí muy buenos museos, porque ha habido grandes artistas”, nos dice.

Estando en Zacatecas, ¿no pintó? “No, sólo dibujé. Un día que intenté pintar, llené de pintura todos los sillones de la casa de mi mamá y me puso como camote. Ya en México comencé a pintar en la azotea del departamento de mi hermano Pedro, que vivía en la colonia Roma. Antes hice uno que otro cuadrito en casa de mi hermana que vivía en Santa Julia. Luego anduve de vago mucho tiempo”.

La llegada a la Ciudad de México

Rafael Coronel vino de joven a México no por cuestiones artísticas, sino futbolísticas. “Yo quería jugar con el América. Me metí a una preparatoria por Chapultepec, donde estaban estudiando varios jugadores del América. Entrené como dos meses y me hice amigo de los futbolistas; aunque a mi padre le había prometido que estudiaría Contaduría”. Sin embargo, un día de 1952, leyó acerca de un concurso de pintura promovido por el Instituto Nacional de la Juventud Mexicana. Se inscribió, participó y ganó con una obra hecha con crayolas de cera sobre cartón titulada La Mujer de Jerez. “La hice bien rápido, en dos días”. Así, el primer trabajo del maestro fue realizado… en su etapa de futbolista. “El premio me lo entregó Manuel Gual Vidal, quien era Secretario de Educación Pública. Consistió en una beca de cincuenta pesos… Ahí dejé el futbol para dedicarme al arte”.

Sus estudios de arte los realizó en la Escuela Nacional de Pintura y Escultura La Esmeralda. Tuvo como maestros a artistas como Carlos Orozco Romero amén de que algunos de sus compañeros de generación fueron personalidades como Francisco Corzas y Gilberto Aceves Navarro. También entabló amistad con el escultor Francisco Zúñiga, ya que éste fue novio de su hermana en Zacatecas. “Cuando entré a la clase de Orozco Romero lo primero que vi fue a una señora desnuda tendida, posando, una mulatita muy guapa; casi me da el infarto; era la primera mujer desnuda que yo veía”. De su paso por La Esmeralda, comenta: “El problema no es la Esmeralda. Uno cree que por estar en esa escuela, uno es ya pintor. Pero la dificultad viene al salir, cuando se tiene uno que aguantar muchos años, luchando en serio junto con todos los demás, para darse a conocer. Además, en ese entonces no había galerías, apenas unas cuantas, como la de Inés Amor”. Por cierto, fue esta emblemática galerista quien colocó la obra de Rafael Coronel tanto en México, como en el extranjero.

Una pregunta obligada al maestro es la vinculada a su relación ─como pintores que ambos fueron─, con su hermano Pedro. ¿Cómo eran las pláticas con su hermano?, Responde: “Eran charlas mudas. No tratábamos de arte; ni nos interesaba. Hablábamos de cosas de familia; de mis hermanas y de sus hijos. Puedo decir eso sí, que cuando no le gustaba un cuadro mío; nomás llegaba; se sentaba; lo veía y no decía nada. Después me decía que era un asco pues yo era pintor realista mientras que él estaba en la avant garde; en el abstraccionismo. Para esa época mi hermano ya se sentía la gallina de los huevos de oro ─dicho en tono de broma─ pues gente como Octavio Paz había ya escrito sobre él”. Y con Francisco Goitia, ¿de qué hablaba? “De nada. ¿De qué quiere que hablen dos hombres del desierto?”, responde.

Nos cuenta que el primer cuadro que vendió fue al filósofo Luis Villoro, amigo de su hermano Pedro. “Me dio cincuenta pesos. Creo que se compadeció de mí. Yo me sentí feliz por haber hecho mi primera venta”. También recuerda cuando le regaló un cuadro a Juan Rulfo, amigo de Pedro y del maestro. “Le regalé a Rulfo un cuadro que había hecho de una rata. Juan se fue calle abajo, por Altavista ─pues en ese entonces yo vivía en lo que ahora es la Casa Estudio de Diego Rivera y Frida Kahlo─ cargando la enorme pintura. ¡Cómo no tuve una cámara para captar ese momento que fue genial!”

Rafael Coronel vivió en esa emblemática casa proyectada por Juan O’Gorman pues estuvo casado con Ruth Rivera, hija del muralista. Entre los cientos de recuerdos que seguramente tendrá de ese matrimonio, uno que pudimos observar durante la entrevista, es el espléndido óleo que Diego hiciera de su hija, el cual de manera protagónica está colocado en la sala de la casa del maestro.

¿Cómo conoció a Ruth Rivera? “Yo rentaba una casita que era del bailarín Guillermo Arriaga. Tenía un jardín muy bonito. Un día llegó Ruth. Yo estaba tirado en el pasto y la vi, bien grandota. Me dijo: ─Usted, ¿quién es?; ─Yo Coronel ¿y tú? No sabía ni quién era. La invité al cine y que va aceptando. No tenía dinero ni para eso; me tuvo que prestar Arriaga. A esa casa llegaba mucha gente famosa. Yo les caía bien; les contaba cosas del rancho que les gustaban. Me casé con Ruth y fue cuando nos fuimos a vivir a la casa de Diego en Altavista. Cuando murió Ruth, yo me sentía un intruso en esa lugar; por eso hice un museo con Pedro Ramírez Vázquez, que en ese entonces era Secretario de Comunicaciones; el museo con las cosas de Diego Rivera. Estoy muy orgulloso de eso”.

Del coleccionismo

De su vocación por el coleccionismo nos comenta que igual que la pintura, se dio de manera instintiva, además de que nos cuenta que a su padre le gustaba mucho adquirir objetos antiguos. “Mi papá era sastre; pero le encantaba comprar cosas viejas; de ahí tomamos el gusto por lo antiguo. Ponía las cosas en una vitrola, ya fuera un candado o una llave”. Cuenta que al estar leyendo sobre diversos artistas, vio que les gustaba coleccionar cosas; Diego Rivera coleccionaba arte prehispánico; lo mismo hacía Rufino Tamayo. Descubrió entonces que nadie estaba coleccionado máscaras, las cuales se le hacían maravillosas; por eso comenzó a adquirirlas. “Llegué a comprar máscaras a 20 pesos. La última que adquirí me costó 50 mil dólares. En la Lagunilla conseguía algunas máscaras; otras se las compraba a la gente misma que las hace y utiliza en sus ceremonias. Compraba costales de máscaras”. Esta pasión por las máscaras generó que el maestro planeara un museo en su ciudad natal, el cual es en la actualidad, uno de los más importantes en su tipo a nivel mundial. En ese recinto llamado El rostro de México, ubicado dentro de lo que fuera el convento de San Francisco, también se exhibe obra del maestro y objetos antiguos, como lo es una colección de arte hindú. De ésta, Rafael Coronel nos muestra en la sala de su casa, una impresionante carreta de bodas hindú, de madera, que pronto viajará a Zacatecas para quedar allá resguardada.

El maestro Coronel ha incursionado en la escultura. ¿Cuánto tiempo lleva en este arte? “Seis meses”, dice. Ya presentó su trabajo escultórico y está preparando otra exposición de la cual nos dejó ver, como primicia y sin cámaras de por medio, dos de las piezas. Se trata de obras que seguramente sorprenderán por su enorme dinamismo y espíritu barroco. Sin duda alguna, esperamos con ansia esa muestra de Coronel, el escultor.

Vía: http://lideresmexicanos.com/revista/contenido/de-portada/2693-rafael_coronel.html