Historia del Mercado Gral. Jesús González Ortega en Zacatecas | Zacateks.com

Historia del Mercado Gral. Jesús González Ortega en Zacatecas

Foto: México en Fotos

Siguiendo con las historias de calles y callejones de la ciudad de Zacatecas, que muy amablemente la Fundación “Roberto Ramos Dávila” A.C. nos ha permitido retomar de su libro “Calles y Callejones de Zacatecas“, hoy les dejo la historia del Mercado Gral. Jesús González Ortega

En enero de 1861 se inicia la construcción de un mercado en la plaza del Tianguis, para festejar el triunfo liberal en la recién terminada Guerra de Reforma; el Lic. Miguel Auza, gobernador interino de Zacatecas, solicitó al Ing. Juan Carriston la elaboración de los planos, los cuales fueron aprobados por la Asamblea Municipal, que dispuso que con los escasos recursos que se obtuvieran de los derechos de Piso y Plaza, se diera principio a la obra, la cual al concluir sirvió para regular la actividad comercial, proporcionando mayor comodidad y seguridad para los compradores de los productos que ahí se expedían.

Este primer edificio duró hasta 1886, año en el cual el entonces gobernador del estado, Marcelino Morfín Chávez, celebró contrato con la Asamblea Municipal de Zacatecas para construir uno nuevo en el mismo lugar, cuya primera piedra se colocó el día 15 de septiembre en una solemne ceremonia presidida por el gobernador acompañado por el jefe político del Partido, Lic. Atenógenes Llamas, y las autoridades estatales y municipales; fungieron como padrinos del acto los representantes de las colonias extranjeras.

Por cierto, esta clase de padrinos inspiró al orador oficial del acto, Lic. Fernando Calderón Letechipía, para pronunciar una frase que sigue teniendo vigencia , aunque no se le haya tomado muy en cuenta; al referirse al acto de inauguración, manifestó que éste simbolizaba los lazos que sin distinción de nacionalidades, deben existir entre todos los pueblos que tienen por mira el progreso de la humanidad.

La obra se encomendó desde un principio al Ing. Carlos Suárez Fiallo, quien puso tanto empeño en cumplirla que, contando con los suficientes fondos, el año siguiente, acompañado por el Ing. José Árbol y Bonilla se trasladó a Estados Unidos para adquirir las estructuras y el techo de fierro que iban a utilizarse.

Morfín Chávez no logró ver terminada la obra que con tanto entusiasmo inició llevado por su espíritu de comerciante; esta satisfacción correspondió al Gral. Jesús Aréchiga quien le sucedió en el cargo de gobernador y como tal presidió la ceremonia de inauguración, que tuvo lugar el 16 de septiembre de 1889, ante una nutrida y alborozada concurrencia, que contemplaba orgullosa la magnífica construcción de cantera rosa, con sus tres portadas y accesos sostenidos por fuertes columnas dóricas orientadas hacia el norte, sur y poniente, siendo esta última la más importante por tener acceso directo a la calle principal; por le oriente, destacaba el mirador con su artística arquería de hierro forjado.

El edificio constaba de tres plantas: la inferior, con vista al oriente, estaba ocupada por bodegas en las que se almacenaban los productos comercializables, mientras que otras estaban ocupadas por comercios de diferentes clases; para acceder a la segunda planta, se contaba con dos escalinatas que terminaban frente a las puertas norte y sur, continuando con calzadas que llevaban a la calle de la Caja; también se construyó una fuente que cumplía dos funciones importantes, la de servir de ornato y la de permitir que el pueblo se surtiera de agua.

En el interior de la segunda planta estaban perfectamente distribuidos los puestos, dejando libres amplios espacios o callejones para la circulación de los clientes; aquí se encontraban las escaleras que permitían el acceso a la tercera planta.

En esa planta se dio diferente destino a los locales, pues algunos se utilizaban como almacenes, otros como oficinas y aún se llegó a establecer en ella un “teatro de segundo orden”, que sustituyó al de la ciudad, que recién se había incendiado y que se encontraba en proceso de reconstrucción.

Poco más de doce años prestó sus servicios a la población zacatecana, cuando su vida se cio interrumpida por un trágico suceso; el 8 de diciembre de 1901 fue victima de un pavoroso incendio que lo destruyó por completo; en unas cuantas horas quedó convertido en simples montones de escombros.

Este incidente fue completamente accidental, ya que se debió a que alguien por descuido arrojó una colilla de cigarro que cayó sobre el material inflamable que había en el local, donde se estaban elaborando los adornos para la kermesse, que con motivo de la festividad religiosa se iba a celebrar ese día en los mismos altos del mercado, en honor de la Inmaculada Concepción de María.

El incendio fue muy espectacular, debido a que al momento en que se produjo, se celebraba en Catedral la misa de doce, la más concurrida de todas, en aquel entonces, y los numerosos asistentes al sentir que el interior se llenaba de humo sin motivo aparente, se apresuraron a abandonarla atropelladamente, utilizando las tres puertas, sin que por fortuna tuvieran que lamentarse pérdidas de vidas.

El accidente, triste desde todo punto de vista, sirvió para que se pusiera de manifiesto una vez más, la fuerza de la solidaridad de los zacatecanos, producto de su indiscutible identidad; aún no se terminaba de sofocar el incendio, cuando ya se perfilaban las acciones a realizar en favor de los damnificados y de la reconstrucción del inmueble.

Lo primero que se pensó fue en la forma de recaudar fondos, para lo cual se abrió una suscripción popular y se organizaron varios eventos, entre los cuales destacó la corrida de toros que llevaron a cabo un grupo de zacatecanos encabezados por Genaro soto y Marino del Carpio; de esta manera se logró reunir la cantidad de 4500.00 pesos que se distribuyeron entre los afectados, dando preferencia a los de menores recursos que indudablemente eran quienes más lo necesitaban.

Además, los comerciantes afectados no suspendieron sus actividades, puesto que la Asamblea Municipal les destinó sitio para que se establecieran provisionalmente en la calle Nueva de la Reforma (hoy calle Aguascalientes), donde continuaron cumpliendo su función de expender los productos de primera necesidad a los habitantes de la ciudad capital.

Por su parte, el Gobierno del Estado se hizo cargo de la reconstrucción del edificio, tarea en la que recibió el valioso apoyo de las cuadrillas de operarios de las negociaciones mineras de Vetagrande y San Rafael, quienes bajo la dirección del Ing. José Árbol y Bonilla, en un tiempo record terminaron los trabajos de demolición y descombre, pero lo más importante, con un costo que apenas alcanzó la cuarta parte de lo que habían calculado contratistas particulares.

Por otro lado, el personal de obras públicas del Gobierno del Estado encabezado por el Ing. Arturo Alvaradejo, se encargó de levantar los muros, mientras que el Ing. Prieto dirigió los trabajos del techo, que se hizo en forma de bóveda catalana con resistencia de una tonelada de peso por metro cuadrado.

Poco menos de un año después del siniestro, el 22 de diciembre de 1902, se terminó la obra de reconstrucción, quedando el edificio únicamente con dos plantas, lo que favoreció su nuevo aspecto y permitió que el conjunto arquitectónico se pudiera apreciar mejor.

El costo total de la reconstrucción se redujo a la cantidad de 42670.00 pesos, obtenidos gracias a la participación de todos los sectores de la población y en forma especial de los “paleros” de San Rafael y Vetagrande, quienes pusieron su habilidad y experiencia al servicio de una causa de interés social, así como al desprendimiento del pueblo zacatecano y al desinterés particular y aún profesional, de los ingenieros mencionados.

Transcurrido algún tiempo, que se utilizó en hacer minuciosos reconocimientos y en organizar el funcionamiento del edificio, por lo cual no fue sino hasta el 5 de febrero de 1903, cuando el regidor del Ayuntamiento Luis G. del Valle recibió la obra de manos del gobernador Genaro G. García en una sencilla ceremonia, que remató dignamente la labor del pueblo y las autoridades zacatecanas unidos ante una tragedia común.

Al ponerse nuevamente en servicio, se destinó la parte alta para el expendio de diversos artículos, especialmente alimenticios, en tanto que la baja fue ocupada como locales comerciales y bodegas, siendo el primer favorecido con un contrato para darles este último destino, el señor Pablo Reimers, quien lo obtuvo de la Asamblea Municipal en 1907.

Con el transcurso de los años, el mercado recibió distintas denominaciones, tales como Mercado Principal, Mercado de Frutas para diferenciarlo del de Carnes inaugurado en 1906 en parte del antiguo edificio de La Fábrica, hasta septiembre de 1921 cuando para conmemorar el centenario de la consumación de la Independencia, el Ayuntamiento aceptó la propuesta del regidor Francisco Varela y se le dio el nombre de “Gral. Jesús González Ortega”.

Durante 80 años contados a partir de su reconstrucción, fue parte importante en la vida de la ciudad pues además de su actividad específica, los locales que dan a la hoy avenida Hidalgo, la que por aquel entonces era llamada indistintamente calle del Teatro o calle del Mercado, así como los ubicados en la planta baja, tuvieron varios destinos y aún recordamos, entre los primeros “La Higiénica”, la peluquería de don Paulino Amador, que fue el mentidero político de los años cuarentas y cincuentas, así como la Agencia de Publicaciones Rivera, en la que Chayudo tenía que multiplicarse para vigilar a los “estudihambres” y atender con su gentileza de siempre a los clientes; entre los segundos la “Casa Tello”, iluminada por la eterna sonrisa de don Salvador; la “Oficina”, modesta cantina que en las frías madrugadas dejaba escapar el delicioso aroma de la canela para los ponches.

Igualmente recordamos a las compras dominicales que eran un espectáculo singular, en el que destacaban las enormes canastas llenas de frutas y verduras sobre las cabezas de muchachos que en esta forma reunían hasta diez centavos, con lo que podían tranquilamente irse al cine con la consabida dotación de semillas y “ponteduro”.

No podemos olvidar cuando sirvió de escenario de las exposiciones industrial, comercial, escolar y artística que se celebraban en este edificio y permitían al pueblo conocer el estado que guardaban las actividades productivas en una ciudad cuya población no llegaba a los 30 mil habitantes, pero contaba con suficientes talleres artesanales y pequeñas industrias que generaban los empleos necesarios; además proporcionaban distracción a través de concursos de danza, música y canto.

Pero el tiempo no pasa en balde y si a esto agregamos el descuido de locatarios y autoridades. Nos explicaremos por que se fue demeritando y convirtiendo en un foco de basura en pleno centro de la ciudad, lo que obligó a pensar en dignificar la zona, con mucho, una de las más visibles y visitadas de Zacatecas.

En julio de 1982, siendo presidente municipal el MVZ José Escobedo Domínguez, con el apoyo decidido del gobernador Cervantes Corona, encomendó esta tarea al Arq. José Chiw Wong Galván, quien proyectó y dirigió la obra bajo criterio de que la planta alta se mantuviera como un todo, como una unidad que conservando “su vocación ya definida, seguirá funcionando en el aspecto comercial, moderno, con proyección al aspecto cultural…”

Por lo que respecta al costado oriente, se reubicó la vidriera lisa que se apoyaba en la esctructura metálica, confiándole al artista zacatecano Salvador Pintor, su transformación en “una vidriera ornamental con estructura a base de perfiles metálicos… con vidrios grabados… a base de dibujos geométricos y urbanos”.

La callejuela que se formaba al sur del mercado, llamada José Rodríguez Elías, presentaba muy mal aspecto debido a que en ella se depositaban la basura y desechos de las mercancías principalmente frutas y legumbres, cosa que el conocido artista José Manuel Enciso González hizo notar al presidente municipal Escobedo Domínguez, sugiriéndole a la vez la convivencia de convertir aquel espacio en un teatro al aire libre, sugerencia que con algunas modificaciones dio origen a la actual plazuela Goytia.

Un año después, quedó completado el conjunto, al concluirse la adaptación del espacio conocido como rinconada de Catedral en una nueva plazuela, inspirada en una antigua fotografía que muestra una escalera semicircular como acceso a la puerta sur de Catedral; esta plazuela fue bautizada con el nombre del famoso compositor jerezano Calendario Huízar.