LETRAS DE CANTERA Y PLATA I | Zacateks.com

LETRAS DE CANTERA Y PLATA I

Hey que onda gente cibernauta ¿Cómo están? Estamos abriendo con muchísimo gusto una nueva sección en esta su página Zacateks.com, donde les vamos a compartir escritos, ya sean propios o de autores reconocidos.  Buscamos fomentar el gusto por la lectura y a la vez conocer gente que también se exprese por medio de las letras.

Experiencias, poemas, historias, sueños…todo lo que nos inspire esta bella ciudad de cantera y plata lo van a ver publicado aquí. Esperamos sea de su completo agrado.

Se despiden momentáneamente sus  amigas Ale e Isabel. Nos vemos!

Y así pues inauguramos el espacio “Letras de Cantera y Plata” con:

“La Tía”


Su tía estaba ahí, con la mirada perdida, como siempre. El papá de Ale nos había llevado con ella para que nos prestara su camioneta familiar, para ir de paseo.

Esa señora no es de muchas palabras, mas bien no usa las palabras. No se cómo hacen sus familiares para entenderla solo con la mirada, además siempre trae a ese gato, en su hombro, un gato que por momentos me incita a hacer cosas locas quien sabe porqué. Caminábamos hacia el interior de la antigua casa atravesando el tétrico patio, si, tétrico, las plantas aunque totalmente secas, se ven vivas y cuando menos lo esperas te topas con ramas y te caen hojas en la cabeza. Pero algo me detuvo.

Sobre una vieja fuente rota y sin agua había una bandeja de cristal hermosa, con 3 gomitas de dulce en forma de pato. Las tomé, no pude evitarlo, fue por obra de ese maldito gato, lo sé. Comí una. Me percate de que La Tía se regresaba y me eché las otras 2 a la boca mascándolas rápidamente para evitar que ella viera que me había apoderado de sus gomitas abandonadas, porque vamos, en una fuente con ese aspecto, se notaba que nadie las quería…Camine en sentido contrario a donde la señora se dirigía y cuando trague el ultimo bocado azucarado y mi pie derecho se encontró en la entrada de la apestosa sala el escenario cambio total y radicalmente…

Ahora nos encontrábamos en un baile de antifaces, a juzgar por la ropa de todos los asistentes, el tema era la época victoriana, pero me asusté cuando no vi a nadie usar un celular, digo, en estas fechas quien no se mensajea a mitad de una fiesta. Voltee al techo y no vi el foco ahorrador que la última vez que había acompañado a Ale a llevarle medicinas a su tía, estaba ahí. Entonces miré hacia abajo, estaba vestida igual que todos con un esponjado y muy escotado vestido color tinto con accesorios de listón plata y negro. Además, el peinado me producía dolor de cabeza. Casi me da un infarto. Ale venía hacia mí, con un hermoso, hermosísimo vestido rojo sangre y acompañada del joven más atractivo que jamás había visto. Alto, delgado, cabello negro, piel blanquísima.

-Isa! Me alegra mucho que estés en mi fiesta de compromiso, sabes que tanto mi familia como yo te estimamos lo suficiente como para que seas una de mis damas de honor y compañía-

No emití sonido alguno y me rehusé tan solo a pintar una sonrisa nerviosa en mi rostro.

-Pasa, pasa, quiero que conozcas a Max. El está buscando desposar a una joven. Tu eres perfecta para él.

Me daba terror ver la naturalidad con la que Ale emitía esas palabras tan vacías.

Tras varias presentaciones con gente rarísima, llegamos a donde estaba el tal Max. No pude negarlo, era bastante guapo. Me platicó de cosas como cosechas, tronos, familias reales y caballos. No puedo recordar con exactitud siquiera si llegué a comprender algo de lo que me estaba diciendo.

Me sentía totalmente desquiciada entre tanto loco. Me paso por la cabeza preguntarle a Ale si todo era una treta o de verdad había una fiesta de disfraces en casa de su tía la demente. Pero no, todo era tan real. Desesperantemente real…

Habrían pasado alrededor de 2 horas, yo me limité a permanecer sentada junto a Max todo ese tiempo escuchándolo, o cuando él me preguntaba sobre mí, fingiendo ser la chica más tímida del mundo, hasta que llego la hora del brindis. Entre tanta copa alcancé a ver a La Tía y un impulso involuntario me llevo hacia ella.

-Tú te comiste mis gomitas en forma de pato-me dijo, con la mirada más furiosa que eh visto en mi vida.

-Lo siento, pero terminé con esto, por favor, estoy muy asustada-fue lo único que mi cerebro pudo producir.

En un abrir y cerrar de ojos-literalmente-todo estaba como de costumbre. El papá de Ale y nosotras, nos dirigíamos a la salida de la casa. Sentí algo en mi mano a la vez que me percataba de como el gato se acicalaba entre mis pies. Abrí el puño y me dio un tremendo escalofrío cuando vi una estúpida gomita de pato. Bajé la mirada hacia el gato y como si él me lo hubiera dicho, la dejé en la fuente. En seguida le pregunté a Ale la hora.

-Son las 2 y 10, no te preocupes, si llegamos.-

Mi corazón se hundió, no habían pasado ni 10 minutos desde que habíamos llegado ahí.

 

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